Muchas veces se tiene una idea errónea de lo que significa un aula taller. Se considera que es un espacio en donde se aplica como norma el “saber hacer” desde la práctica. El coordinador considera, por ejemplo, que “escribir se aprende escribiendo”. De esta manera, todas las actividades se reducen a un postulado tautológico, en donde lo prioritario es canalizar las inquietudes de los participantes y la de compartir una experiencia colectiva.
La metodología del aula taller (que no es nueva en nuestro país ni en el mundo) dista mucho de esta propuesta simple e ingenua. Es por sobre todo un replanteo en la dinámica del aprendizaje.
El alumno cambia de rol (respecto del aula tradicional) y pasa a ser un sujeto activo de su propio aprendizaje. La tarea docente consistirá principalmente en la de coordinar y desencadenar (cuando no sucede espontáneamente) de los procesos cognitivos, utilizando el diálogo y el debate. A su vez, tendrá que planificar su clase de una manera dinámica, a fin de motivar a sus alumnos. Más que dar respuestas, deberá hacer preguntas. Este replanteo de la metodología implica tomar conciencia de la no disociación entre cómo enseñar y qué enseñar, es decir, dar al conocimiento una forma que no sea contradictoria con su contenido, a fin de dejar de lado las viejas “recetas” que se aplican como una función algorítmica, rutinaria.
A su vez, aplicando esta conceptualización a los fines del taller de periodismo, el docente debe reflexionar acerca de los presupuestos básicos y esenciales para introducir de manera adecuada la prensa en el aula, para lo cual es necesario establecer un vínculo entre la “investigación cognitiva de textos” y la “experiencia didáctica” de estos textos.
Una primera tarea que se deberían plantear aquellos que quieren emprender un programa didáctico de este tipo es la de conocer y comprender las características funcionales y estructurales de los periódicos en cuanto que son los soportes materiales de dicha información. También sería necesario conocer la incidencia que tiene el conocimiento previo del lector sobre la comprensión de la noticia y analizar de manera precisa qué es lo que los alumnos comprenden de un periódico. Sin estas dos premisas no podríamos facilitar un aprendizaje significativo. Es necesario saber algo más sobre cómo se representan en nuestra mente las distintas secciones del periódico, si existen diferencias entre esta representación de los alumnos respecto de la de los adultos o la concepción de un experto. Sin estas reflexiones, a la vez descriptivas y analíticas, se puede caer en el riesgo de utilizar erróneamente el instrumento innovador (la prensa en este caso) y de generar, como señala Alonso Erausquín (1990), resultados imprevistos e incluso contraproducentes. La valoración de estas premisas nos ayudaría, al menos en parte, a evitar el riesgo de que esta experiencia pudiera caer en un “tópico pedagógico vacío de contenido”, como lo denomina García Galindo (1990) (León, 1996: 24-25).
En un taller de periodismo, estos conceptos se definen como básicos para la organización de las distintas actividades que se pueden generar: lectura de diarios y revistas, aplicación de la escritura, armado de un periódico escolar, entre otras.
Para lograr dicho objetivo, es necesario que en la planificación se contemple como práctica el desarrollo de un conocimiento teórico, la de optimizar recursos con metas claras y concretas, y la aplicación del pensamiento periodístico.
La metodología del aula taller (que no es nueva en nuestro país ni en el mundo) dista mucho de esta propuesta simple e ingenua. Es por sobre todo un replanteo en la dinámica del aprendizaje.
El alumno cambia de rol (respecto del aula tradicional) y pasa a ser un sujeto activo de su propio aprendizaje. La tarea docente consistirá principalmente en la de coordinar y desencadenar (cuando no sucede espontáneamente) de los procesos cognitivos, utilizando el diálogo y el debate. A su vez, tendrá que planificar su clase de una manera dinámica, a fin de motivar a sus alumnos. Más que dar respuestas, deberá hacer preguntas. Este replanteo de la metodología implica tomar conciencia de la no disociación entre cómo enseñar y qué enseñar, es decir, dar al conocimiento una forma que no sea contradictoria con su contenido, a fin de dejar de lado las viejas “recetas” que se aplican como una función algorítmica, rutinaria.
A su vez, aplicando esta conceptualización a los fines del taller de periodismo, el docente debe reflexionar acerca de los presupuestos básicos y esenciales para introducir de manera adecuada la prensa en el aula, para lo cual es necesario establecer un vínculo entre la “investigación cognitiva de textos” y la “experiencia didáctica” de estos textos.
Una primera tarea que se deberían plantear aquellos que quieren emprender un programa didáctico de este tipo es la de conocer y comprender las características funcionales y estructurales de los periódicos en cuanto que son los soportes materiales de dicha información. También sería necesario conocer la incidencia que tiene el conocimiento previo del lector sobre la comprensión de la noticia y analizar de manera precisa qué es lo que los alumnos comprenden de un periódico. Sin estas dos premisas no podríamos facilitar un aprendizaje significativo. Es necesario saber algo más sobre cómo se representan en nuestra mente las distintas secciones del periódico, si existen diferencias entre esta representación de los alumnos respecto de la de los adultos o la concepción de un experto. Sin estas reflexiones, a la vez descriptivas y analíticas, se puede caer en el riesgo de utilizar erróneamente el instrumento innovador (la prensa en este caso) y de generar, como señala Alonso Erausquín (1990), resultados imprevistos e incluso contraproducentes. La valoración de estas premisas nos ayudaría, al menos en parte, a evitar el riesgo de que esta experiencia pudiera caer en un “tópico pedagógico vacío de contenido”, como lo denomina García Galindo (1990) (León, 1996: 24-25).
En un taller de periodismo, estos conceptos se definen como básicos para la organización de las distintas actividades que se pueden generar: lectura de diarios y revistas, aplicación de la escritura, armado de un periódico escolar, entre otras.
Para lograr dicho objetivo, es necesario que en la planificación se contemple como práctica el desarrollo de un conocimiento teórico, la de optimizar recursos con metas claras y concretas, y la aplicación del pensamiento periodístico.
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