lunes, 31 de marzo de 2008

Pautas de convivencia en el aula

(Por Natalia Demartino)
Hoy, Natalia del tercer grado del IEM, quiere recordarles a modo de información a sus compañeros las pautas acordadas en las "normas de convivencia", un método de respetarse todos y de hacer más amena la convivencia escolar.
*AYUDAR A NUESTROS COMPAÑEROS
*SER SOLIDARIO
*RESPETAR A LA SEÑO Y A NUESTROS COMPAÑEROS
*LEVANTAR LA MANO PARA HABLAR
*NO PEGAR
*NO DECIR MALAS PALABRAS
*ESCUCHAR A NUESTROS COMPAÑEROS CUANDO HABLAN
*NO COMER EN EL AULA
*NO CORRER EN EL AULA
*NO SE PUEDE SILBAR EN EL AULA
Son muchas las veces en que por la inquietud propia de la edad, el cansancio y otros factores, los alumnos se olvidan de las pautas y generan un incidente o "molestia" a uno o varios compañeros.
Para poder estudiar y comprender, es necesario que exista un ambiente de respeto y que cuando uno pregunta los demás escuchen ya que tal vez, esa pregunta sea justamente la misma duda que otros tengan y la respuesta será enriquecedora para todos.
En breve iremos publicando las demás inquietudes y noticias que nos acerquen los alumnos del tercer grado del IEM.

domingo, 30 de marzo de 2008

Estilo periodístico

En cuanto al estilo, se dice que hay tantos como hombres en el mundo, que cada redactor tiene su estilo que lo diferencia de otros y que esta facultad es innata, y en algún sentido, se relaciona con la naturaleza misma de cada persona.

Al margen de estas acotaciones, es más bien cierto que el estilo, en primer lugar, se cultiva y luego se perfecciona. Este postulado se refiere específicamente a que tanto el acto de escribir como la adquisición de un estilo son mecanismos impuestos por la cultura.

En este contexto, todo acto de escritura no puede catalogarse como ingenuo ni espontáneo. El perfeccionamiento de la escritura queda convalidado en la búsqueda de un estilo. Para ello, es necesario rescribir un párrafo tantas veces como sea necesario, a fin de encontrar los rasgos originales.

Este trabajo intelectual puede valerse de los “modelos escriturales”, que son útiles en la medida en que no condicionen el proceder de quien escribe. Como regla básica, la cultura establece que estos “modelos” primero se copian, luego se imitan y por último se recrean. Con esta aseveración, se descarta la posibilidad de crear textos “de la nada”, pero, a su vez, posibilita situar a la imaginación y creatividad como ejes motores para lograr una recreación de contenidos. Es imperioso reconocer que “crear”, como invención personal, es volver a recrear estos modelos escriturales con ingenio innovador.

Para adoptar un estilo, será conveniente tomar como punto de referencia ciertos elementos, entre ellos, hacernos a la idea de un lector imaginario, es decir, para quien se escribe. El periodista lo hace para un público lector de cultura media; por ello, adopta como criterio una escritura sencilla, sin caer en lo vulgar ni trivial del lenguaje para captar la atención y el interés por la lectura.

3.1. Cualidades estilísticas

Para la formación de un estilo periodístico, se debe tener en cuenta las siguientes cualidades:
- Claridad: El redactor debe expresarse con conceptos bien definidos, con una exposición limpia, es decir, empleando el uso correcto de la sintaxis y un vocabulario que esté al alcance de una persona de cultura media.
- Concisión: Se entiende por conciso a la idea de escribir una frase en pocas palabras, pero con significación. Cada palabra del discurso contendrá una forma que puede ser leída con claridad y precisión.
- Naturalidad y sencillez: Un estilo debe contener naturalidad y sencillez. La naturalidad es la manera en que se expresa una narración, en el cuidado de su vocabulario, sirviéndose del suyo propio, sin artificios ni vaguedades. En cuanto a la sencillez, no implica el concepto de “vulgar”, sino que es todo lo contrario: encontrar la palabra justa y adecuada para la fácil comprensión del texto.

3.2. Clasificación de estilos
Existen tres modalidades específicas de estilos periodístico: informativo, de solicitación (opinión) y ameno.
A) Estilo informativo: Específicamente, se designa como el lenguaje de las noticias. Los tres elementos más importantes del estilo se basan en la precisión, claridad y una construcción discursiva para llamar la atención del lector. La técnica de la pirámide invertida es la más utilizada para esta estructura.
B) Estilo de solicitación (opinión): Es la forma de expresión periodística que se utiliza con frecuencia en los editoriales, a fin de poder convencer al lector de lo que se informa, en un marco de respecto por la libertad de respuesta.
C) Estilo ameno: El estilo ameno puede derivar de otro enfoque: el literario. Tiene como finalidad atraer al lector de una manera cautivadora y entretenida. Estas formas se encuentran generalmente en la sección dedicada a las amenidades.
Teniendo en cuenta los aspectos referidos, es posible definir al estilo periodístico como una manera de escribir, utilizando vocablos técnicos específicos, así como también del empleo correcto de la sintaxis, lingüística, gramática y ortografía del idioma español.

En líneas generales, hemos podido apreciar que el periodismo utiliza un lenguaje propio, con términos y expresiones que distan de una redacción común, sino que, por el contrario, ofrece cierta complejidad en cuanto a su estructura.

De estas formas enunciativas, se logra adquirir un estilo, único y específico, con una correcta aplicación del idioma español.

El método empleado en la redacción puede corroborarse con lo escrito en un medio gráfico. Leer una información implica reconocer una forma específica en el discurso periodístico. De igual modo, escribir un texto equivale a pensar en dicha estructura básica.

Redacción periodística

Según la opinión de Martín Vivaldi, redactar, etimológicamente, significa compilar o poner en orden; en un sentido más preciso, consiste en expresar por escrito los pensamientos o conocimientos ordenados con anterioridad. Redactar bien es construir la frase con exactitud, originalidad, concisión y claridad (1986: 14).

La redacción periodística queda conformada por la utilización de distintos elementos: lenguaje, orden del relato y la aplicación de un estilo. Este compendio sintetiza una apropiación de reglas y una estructura en la que es preciso conferir un grado de significación.

1. DEFINICIÓN DEL LENGUAJE

El lenguaje puede ser definido como la facultad que posee el hombre para comunicarse con los demás hombres mediante sonidos articulados. Es la unión de la lengua más el habla, de las realizaciones abstractas sistemáticas con la realización social del sistema. Como se desprende de esta definición, el lenguaje es el elemento clave para la vida intelectual del hombre y el desarrollo de la ciencia y la cultura.

Los hechos del lenguaje,[1] relacionados en una doble vía entre los hechos y la identidad cultural, crean el valor de uso de los términos en cuanto al contexto y ambiente de acción.

1.1. Lenguaje oral y lenguaje escrito
Hay que tener en cuenta que el lenguaje puede ser oral y escrito. Nadie escribe como habla, porque al hablar nos permitimos utilizar redundancias y un fraseo incondicional, lejos de respetar las leyes gramaticales. A veces, lo que no decimos con palabras puede estar representado con los gestos, creando, a su vez, un metalenguaje complementario a nuestro discurso.

Cuando se estudia el habla, se buscan las características comunes de una gran diversidad de funciones generales subyacentes, que permiten establecer las categorizaciones funcionales que operan en el sistema. Intuitivamente, se sabe que existe una diferencia marcada entre el lenguaje oral y lenguaje escrito. Para poder entender su funcionamiento, es necesario recurrir a un esquema de contenido, del cual se puede establecer:

A) Lenguaje oral: Es utilizado para la comunicación interpersonal y cotidiana, de base común, en el que se reconocen los siguientes aspectos:
- La informalidad en los dichos, es decir, no está estructurado como el lenguaje escrito.
- Los códigos lingüísticos que se manejan sólo pueden ser interpretados por la comunidad a la que pertenecen los hablantes.
- Se pueden inventar palabras que definen una situación específica, como por ejemplo, vacacionar.
- Intervienen en el discurso otros elementos complementarios para la transmisión de ideas: gestos, tono de voz, señas, etcétera.
- La conversación no se interrumpe, sino que se puede disgregar hacia otros temas.
- El vocabulario que se emplea es restringido y, a veces, muy rudimentario.
- Se finaliza la conversación cuando ambos interlocutores deciden hacerlo.

B) Lenguaje escrito: Es considerado como “tradicional”, ya que regula los aspectos formales de la lengua. Se reconocen las siguientes características:
- El empleo de reglas para la sintaxis y ortografía que se establecen en el discurso.
- El uso extensivo de vocablos “cultos” y “técnicos”, incluso la aplicación de neologismos aceptados por la comunidad académica.
- El empleo de la formalidad como regla específica y el uso de los géneros para establecer el enfoque comunicativo.
- Una marcada tendencia hacia lo específico, en lo que respecta a la idea central del discurso.
- Enriquecimiento del idioma por el manejo y uso de determinados conceptos.
- Cuando se escribe, se piensa en un posible lector o en uno específico que leerá el escrito.
- El redactor, mediante el empleo de un género, decide la finalización del discurso, ya sea a modo de cierre o en forma anticipada.
En la práctica social, aunque podamos identificarlos plenamente, su uso es indistinto. Muchas veces, los pensamientos escritos pueden contener marcas orales y la contextualización oral estará dada por el uso intensivo de signos que representan una situación comunicativa, que puede ser ambigua en un contexto determinado.

1.2. Lenguaje periodístico
Es posible conceptuar al lenguaje periodístico como la materia prima que el periodista utiliza a diario, mediante la incorporación de un conjunto de palabras y expresiones que definen su personalidad y la del medio en que desarrolla su tarea. Puede ser clasificado como un lenguaje no literal, próximo a las hablas coloquiales de los sectores cultos. Según Martínez Albertos, las notas ideales del lenguaje periodístico escrito pueden sintetizarse en el siguiente orden:
1) Corrección (lengua no literal, próxima a la lengua coloquial culta).
2) Concisión (frases cortas, de 30 a 35 sílabas por frase; con 16, 17 palabras).
3) Claridad (verbos adecuados en forma activa y modo indicativo).
4) Captación del receptor (mediante un lenguaje expresivo, desde las primeras líneas).
5) Lenguaje de producción colectiva (el resultado final se brinda a los lectores).
6) Lenguaje mixto. La pluralidad de los códigos concurrentes hace que los diferentes lenguajes se condicionen entre sí. El código rector también surge del influjo de los códigos menores (Citado por Santamaría, 1990: 25).

En tal sentido, el lenguaje periodístico debe basarse en un hecho real, para lo cual se establece mediante la aplicación de una estructura discursiva, cuyos principios básicos son los siguientes:
Se remarca un teleorema estético noético, es decir, un hecho lingüístico destinado a comunicar lo que pasa.

Existe una claridad comunicativa para una interpretación próxima.

La construcción de las frases hace que su estilo sea cautivante para el lector desde las primeras líneas.

Su producción provoca una pluralidad de códigos concurrentes.

Estas características constituyen el motivo fundamental para el análisis del contexto estructural, que servirá de base para argumentar los significantes de una verdad en el relato, cuyos alcances se transforman por la sola presentación del discurso.

Un caso intermedio sería vincular tanto al discurso como el texto en un estudio global para reubicarlos en una contextualización de género, por la cual, analizando este último, se puede observar los efectos que provoca la materialización del primero.
[1] El lenguaje es la facultad que posee el hombre para comunicarse con los demás hombres mediante sonidos articulados. Es la unión de la lengua más el habla, de las realizaciones abstractas sistemáticas con la realización social del sistema. Seria también el conjunto de señales que dan a entender algo: el lenguaje de los ojos, las flores, los animales, los signos. Como se desprende de esta definición, el lenguaje es el elemento clave para la vida intelectual del hombre y el desarrollo de la ciencia y la cultura.
1.3. Vocablos técnicos
El desarrollo vertiginoso de la ciencia y la técnica han hecho propicia la creación de neologismos, cuya lógica se remite a la lengua inglesa considerada en la actualidad como universal. La utilización de términos técnicos resulta indispensable y, en muchos casos, deben usarse en el idioma original, ya que no admiten traducciones. El adjetivo técnico, según el diccionario, se aplica a las palabras o expresiones empleadas exclusivamente, y con sentido distinto de lo vulgar; es el lenguaje propio del arte, la ciencia, los oficios… De ahí que, en el lenguaje técnico, los vocablos especializados son absolutamente insustituibles y no pueden ser retirados del texto para colocar otros que actúen como sinónimos o casi sinónimos, pues, éstos no pueden existir. El uso extensivo y social de una significación precisa resulta necesario para evitar confusiones.

A su vez, es posible identificar una gran variedad de lenguajes, entre los que se destacan: científico, técnico, computacional, antropológico, etc. El periodismo no constituye una excepción, ya que se ha creado en su entorno un vocabulario específico que definen los términos técnicos (Ej. Columna). En igual medida, requiere que el periodista pueda aprender a utilizarlos de manera apropiada, así como también, el correcto uso del lenguaje español, en cuanto a la sintaxis y ortografía.

1.4. Lugares comunes
En el lenguaje, un lugar común se refiere a las distintas frases que, por su popularidad, se han convertido en una expresión agotada.

El lugar común es más y menos que una banalidad: es una banalidad, pero a veces ineludible; es una banalidad, pero tan universalmente aceptada que toma el nombre de verdad. La mayor parte de las verdades que corren por el mundo (las verdades son buenas corredoras) pueden ser vistas como lugares comunes, es decir, asociaciones de ideas comunes a un gran número de hombres, que casi ninguno de esos hombres osaría quebrar de manera deliberada (de Gourmont R, 1900: 84-85) (citado por Amossy y ot., 2001: 24).

El origen de estas frases fue en su momento ingenioso y con un tinte poético. Hoy se emplean como tópicos. No existe una norma gramatical que condene su empleo, pero se las debe evitar, reemplazándolas por otras más significativas y comunes, pero no agotadas por el uso.

Como ejemplos podemos citar: la primavera de la vida (refiriéndose a la juventud), incendio de pastos naturales, no sin esfuerzo, denodado interés, desenlace fatal, buscar la felicidad, sueños imposibles, tensa calma, rauda marcha, héroe por azar, airosa revancha de la vida, celosa cautela, la lucha por la justicia, verborragia injuriosa, los agentes del orden, etcétera.

Otra clasificación de lugares comunes es la típica muletilla, que se emplea como una frase acomodada en cualquier discurso, insustancial y carente de sentido. Este tipo de expresiones no deben ser transcriptos literalmente en el caso de las entrevistas. Ejemplos: ¡Bueno!, agarro, a nivel, ¿viste?, o sea, nada, pasa por, es como que, interesante, etcétera.

2. EXPRESIÓN ESCRITA

Teniendo en cuenta los aspectos que conforman el lenguaje periodístico y las diferencias establecidas entre hablar y escribir, es necesario reubicar el acto de escritura desde el componente básico de la información, a fin de redactar un texto.

Para ello, es posible diferenciar la entrada del cuerpo del texto, en el siguiente ordenamiento
.
2.1. Redacción de entrada
Es un texto que se compone de un párrafo (16 ó 17 palabras aproximadamente), en el que se desarrolla el contenido del hecho que se quiera informar. Es de vital importancia su tratamiento y diferenciación, ya que constituye el punto de partida para captar la atención del lector. Los modelos de entrada más típicos son: de cita, de prominencia, sumaria, enumerativa, descriptiva, apelativa directa, etcétera.

2.2. Redacción del cuerpo
En la redacción del cuerpo textual, se recurre a tres tipologías básicas de relatos: expositivo, narrativo–descriptivo y mixto.

Relato expositivo: Con un tono objetivo, se sintetiza lo acontecido, omitiendo sus detalles. Se redacta a la distancia, utilizando verbos en presente, sin adjetivos. Pertenece al género de la nota informativa.
Relato narrativo–descriptivo: Este tipo de relato es opuesto al anterior, ya que se utiliza la descripción y el relato de acción para involucrarse en el suceso. Los detalles del lugar son descritos en forma minuciosa, enmarcados en una cronología. Intervienen la descripción y la narración de hechos.

La descripción puede ser definida como una representación en la que involucra tanto a las personas como a escenas. Se utilizan habitualmente en informaciones, crónicas y reportajes.

La descripción de personas se establece mediante tres tipologías:
1. Prosográficas: Está conformado por los detalles del aspecto físico: altura, peso, color de ojos, etcétera.
2. Etopéyicas: Se refiere específicamente a una descripción de carácter moral: honestidad, relación afectiva, etcétera.
3. Retrato: Es un análisis global de la personalidad, en la que se combinan los aspectos físicos y morales.
La descripción de las escenas pueden ser de cinco tipos:
a) Pictográfica: El objeto y el sujeto se encuentran inmóviles, y para describir la escena, se debe recurrir a la luz y al color.
b) Cronográfica: Es la descripción del tiempo. Por ejemplo: Servicio meteorológico.
c) Topográfica: El sujeto que se describe está en movimiento y el objeto descrito inmóvil.
d) Cinematográfica: El sujeto se halla inmóvil y el objeto descrito se eleva ante él, o cuando ambos (sujeto y objeto) se hallan en movimiento.
e) Caracterográfica: Es de tipo colectiva y puede involucrar a grupos sociales, organizaciones, etcétera.

La narración, en cambio, es la enumeración de acontecimientos, es decir, un conjunto de escenas en la que se encuentran un encadenamiento de actitudes, hábitos de las personas intervinientes, ambiente, etc.; en suma, es contar acciones. Este tipo de narración es utilizada frecuentemente en la información y el reportaje.

Los elementos de la narración se pueden clasificar en:
a) Tipos: Se resaltan los rasgos sobresalientes de las personas que intervienen en el hecho, haciéndose una cuidadosa selección.
b) Diálogo: Las palabras que intercambian los actores deben reproducirse de manera fiel para que parezcan naturales.
c) Acción: Se narran los quehaceres de las personas, conductas y actitudes, rescatando todo dato que los vincule con el hecho.
d) Ambiente: Es el contexto familiar, profesional y geográfico en el que se mueven las personas. Es de suma importancia este aspecto para comprender las acciones y expresiones más significativas de los protagonistas de un suceso.
· Relato mixto: Es la combinación del relato expositivo y el relato descriptivo en una misma narración. Esta tipología es muy frecuente, ya que se pueden alternar párrafos expositivos con narrativos–descriptivos, en los que se pueden incluir también un orden cronológico.

2.3. Consejos prácticos
Una buena redacción puede basarse en los siguientes aspectos básicos:
- Orden lógico: sujeto, verbo, complementos (directo, indirecto, circunstanciales).
- Párrafos cortos: Las frases deben ser breves y concisas. No es aconsejable el uso de las subordinadas.
- Frases hechas: No utilizar muletillas ni expresiones convencionales (lugares comunes).
- Evitar vaguedades: Cambiar una frase con datos concretos. Por ejemplo: “Una multitud se agolpó ante la Casa de Gobierno” por “más de 1.000 manifestantes se agolparon ante la Casa de Gobierno”.
- Utilización de verbos: Se recomienda la voz activa y tiempo presente. El pasado simple y el pretérito perfecto son empleados con frecuencia; el subjuntivo, en algunas ocasiones.
- Concordancia: Cuidar la concordancia entre género y número, entre sujeto y verbo.
- Cita: Cuando se cita una declaración en forma textual, debe ir entre comillas.
- Adjetivos calificativos: Los adjetivos calificativos como cruel, desalmado, patético, etc., deben evitarse.
- Otros términos: No incorporar los superlativos (grandísimo) o los neologismos técnicos poco conocidos y las palabras extranjeras, salvo en aquellos casos en que sean absolutamente necesarios, para lo cual debe ir en letra cursiva.

Literatura periodística

El artículo es una forma periodística peculiar en donde el autor refleja no sólo la opinión acerca de un tema, sino que a partir de una investigación imprime en el texto su particular estilo, siendo éste tan variado que su forma o su compaginación pueden ser difusas.

1) FORMAS DE ARTÍCULO

Existen dos variedades: el artículo y el ensayo.
1. El artículo propiamente dicho es el escrito por el cual un periodista analiza, estudia, medita y polemiza un tema, con criterio propio. La opinión del autor o periodista es el eje principal. Su estilo es libre al igual que su extensión. Aunque no existen formas determinadas, exige un lenguaje claro, conciso y directo para que pueda generar opinión. El artículo cumple con la misión del periodismo en todas sus formas que es la de informar, formar y entretener.

2. El ensayo es un trabajo de carácter científico y, a veces, literario. Exige de su redactor profundidad en el tema, un lenguaje acorde con su tratamiento, un estudio en profundidad, didáctico, sin tratar de agotarlo. Requiere mayor atención y un cuidado especial en su presentación.

Cada modalidad de artículo puede, a su vez, ser complementario de otro género e incluso formar uno nuevo, porque no se conjuga aquí un valor enteramente puro.

Dentro de la técnica de periodismo de opinión, aparece el llamado “estilo folletinista”, un género híbrido que puede situarse dentro de la nueva modalidad literaria, que refleja no sólo una aplicación discreta de elementos subjetivistas que pertenecen a la invención poética, sino que analiza la realidad desde lo periodístico.

Algunos artículos de opinión siguen al pie de la letra las notas generales que describen el llamado estilo de solicitación (opinión) o “modos editorializantes”, pero otros se elaboran de acuerdo con el estilo ameno o folletinista.

2) ESTRUCTURA

La estructura que presenta un artículo es la siguiente:
1) Se comienza planteando el tema de una manera ágil y dinámica, despertando interés desde la primera frase.

2) Se hace una descomposición del tema y un análisis global para comenzar a detallar formas más específicas dentro de su tratamiento.

3) Al plantear el tema, el periodista sabe que el lector no se convence con meros formalismos filosóficos, sino con juicios concretos para que pueda formar su opinión.

4) Sin apartarse de sus pautas, el redactor replanteará la problemática con soluciones convincentes o al menos intentará proyectarlas, si es que no se encuentra en un callejón sin salida.
Ejemplo:
EL LECTOR Y SUS LÍMITES
Por Beatriz Sarlo
Diario Clarín, Sección Cultura y Nación, Jueves 19 de enero de 1995, Pág. 7
Pocos piensan hoy que el significado de un texto se fija en el momento de su escritura y queda inmóvil e idéntico a sí mismo para siempre. Hans Robert Jauss y Félix Vodicka desde la hermenéutica literaria, Michel de Certeau desde el análisis de la cultura, Umberto Eco y Jurik Lotman desde la semiología, Carlos Ginsburg desde la historia, Barthes desde todos los lugares, han discutido la existencia de un sentido único, transhistórico y congelado en la página de un libro.

Si algo nos demuestra la historia de la literatura, de las ideas o de las religiones, es que los libros (incluso los libros “sagrados”) cambian como paisajes iluminados por luces diferentes, recorridos por sendas que cada uno va inventando según sus deseos, sus destrezas y sus límites. Cada lector encuentra su perspectiva favorita, desde la que organiza el espacio y da sentido a cada uno de los elementos; desde algunas perspectivas, el paisaje puede verse completo; desde otras, sólo se perciben los detalles más próximos o los más evidentes. El recorrido por el paisaje-texto se hace como se puede, es decir, con los saberes que se han aprendido antes, en esos otros escenarios que son la escuela, la vida cotidiana, las relaciones sociales y económicas, las experiencias más públicas y las más secretas.

Los lectores derivamos por los textos impulsados por una corriente cuya fuerza se origina en nuestra propia historia tanto como en la historia de otros lectores. La libertad de los lectores no es siempre la misma: En algunas épocas, los textos ejercen más poder e indican de modo más fijo cómo son las condiciones de uso; en otros momentos, la libertad de los lectores es pensada como un ejercicio sin límites ni condiciones. Como sea, nunca puede anularse del todo la posibilidad de que los lectores realicen recorridos privados y secretos en el paisaje de los textos; las lecturas herejes no desaparecen nunca, aunque los guardianes de los textos quieran defenderlos de las invasiones de lectores “indeseables”.

¿Quiénes son los guardianes? Depende: a veces un sistema político, a veces una iglesia, con frecuencia los propios autores de textos o los críticos que escriben sus interpretaciones y se figuran que ellas son preferibles.

Ahora bien, ¿se puede hacer cualquier cosa con un libro?, ¿se puede recorrer de cualquier modo el paisaje de sus signos? Evidentemente, no. Como el cazador furtivo (la imagen es de Michel de Certeau) o como el aficionado ingenioso que con viejas piezas de motores arma una máquina nueva, los lectores encuentran en los libros (y también, en las películas, los programas de televisión o la música) imágenes, ideas, configuraciones que ofrecen su propia resistencia. Para decirlo brevemente, el cazador furtivo o el aficionado al bricolaje descubren en los textos cosas que les sirven y cosas cuyo manejo es enigmático, piezas útiles, que rápidamente incorporan a su mundo, y fragmentos duros, con los que parece que no puede hacerse nada, hasta que otro lector imagina el modo de armarlos en una nueva máquina.

Las lecturas enfrentan límites definidos por lo que los lectores saben y pueden hacer con lo aprendido en otros lugares (en la vida, en textos anteriores, en la escuela). Hay lectores que comienzan el recorrido por el paisaje de los libros equipados con todo lo necesario; pero también hay lectores que no han recorrido otros paisajes ni han aprendido en ninguna parte cuáles son las estrategias para cazar sentidos en la red de los textos; hay lectores que están casi presos en un solo paisaje.

Entonces, el ejercicio de la lectura remite a otros ejercicios: El de la diferencia social en los gustos y las habilidades. No hay una democracia de los textos donde todos somos iguales; por el contrario, hay clases de textos y clases de lectores donde la desigualdad ha plantado, con antelación, sus fronteras.
Beatriz Sarlo es crítica literaria.

GÉNEROS MENORES

Las últimas páginas del diario concentra distintas secciones dedicadas al entretenimiento. Esta tendencia aparece a fines del siglo XIX y es adoptada por todos los periódicos.

En primer lugar, se puede incluir a la historieta, que juega un doble papel. La historieta propiamente dicha va narrando una historia, o bien, se relatan sucesos hogareños que provocan una sonrisa en el lector, acompañados por el chiste, que puede ser utilizado como un elemento de opinión.

Aparecen también los consejos médicos y los temas referentes al hogar. A veces, el material es publicado en suplementos o son columnas que aparecen a diario, cada semana u ocasionalmente. Comprenden asuntos de cocina, moda, belleza, diversión, etc. A esta lista se agregan el horóscopo, los crucigramas, grillas, y acertijos.

De esta manera, se multiplican estas secciones en los medios de comunicación, donde existe un interés del público por encontrar soluciones a sus problemas cotidianos y satisfacer deseos, ilusiones y vanidades.

De Mujeres Por Noemí Carrizo, noemiaries@hotmail.com
¿Y si me quedo soltera?

Formar una familia es una ambición innata en la mujer, aunque se realice después de los treinta y aparezca como una intención en desuso. Las amigas suelen hacer planes para salir a solas, y se divierten. De vez en cuando, miran a su alrededor y se preguntan dónde están los hombres. La sensación de quedarse soltera, después de algunas incursiones de amor fracasadas, es un cosquilleo inevitable. Aquí cuenta la sinceridad: ¿existe el deseo auténtico de amar y ser amada con todo lo que esto implica? De ahí el asombro que causa ver a bellas, inteligentes y hasta acaudaladas mujeres que no han logrado casarse. Creerse digna de una corona real, no suele dar buenos resultados. Máxima se rió en la cara de Guillermo Alejandro de Holanda, cuando le contestó que su profesión era la de príncipe: no le creyó en absoluto, lo que demuestra su inmejorable espontaneidad y lo quimérica que le resultaba la situación. La simplicidad da buenos dividendos. Tampoco, desde ya, tendrá éxito, la que se siente una humilde ratita. Nada como la naturalidad, las ganas de conocer al otro, de abrir el espíritu a distintas personalidades. Hay que salir, no con el traje de novia en la cartera, cuyos pliegues asustan a cualquier hombre, sino por el placer de intercambiar buenos estados de ánimos, distintas opiniones, o simplemente enterarse de lo que piensan los demás. Nada es tan seductor, por ejemplo, como saber escuchar; y además, se aprende. Admitamos que la hipersensibilidad no está de moda, pero una mujer ingeniosa, que sabe reírse con ganas y acompaña a un hombre tanto a tomar una gaseosa como a disfrutar de una opípara cena (y sí, el estómago tiene que ver) no suele estar exenta de admiradores. Hay en algunas mujeres una especie de perfume, no sólo a rosas, a café y canela, que evoca placeres hogareños, ansias de compartir, necesidad de cercanía. Las lindas suelen quedarse solteronas porque son más pretenciosas, decían las abuelas. Como casi todos los adagios que retiene la memoria emotiva, es acertado. Encuentran marido las que son capaces de olvidarse de cómo luce su pelo, y tomar, de inmediato, el bolso para ir al encuentro del hombre que pasó a buscarlas.

Crítica

Dentro del periodismo de opinión, la crítica ocupa un lugar importante. Por lo general, está dirigida a los hechos informativos, pero lo formativo aparece como ineludible proyección.

La crítica aborda temas muy especializados que suponen un periodista experto en los temas que trata, o bien, un experto que, a veces, cumple funciones periodísticas, con el asesoramiento y guía de los periodistas. Tal es el caso de conocidos críticos de arte, cine, teatro, música y otra especialidades, que no son periodistas, pero ejercen esta práctica, dada su autoridad acerca del tema que tratan. Criticar es valorar algo a la luz de la razón. La crítica debe juzgar y discernir tanto lo positivo como lo negativo.

El crítico actúa como mediador entre la obra o el hecho y el público. Como profesional capacitado, ayuda al lector o espectador a comprender y valorar lo analizado.

Es de suma importancia que la crítica sea firmada, ya que el crítico asume totalmente la responsabilidad sobre sus juicios, con una escala de valores propia, que ratifica de manera ineludible y personal lo que publica.

La crítica, en suma, ha de ser analítica y sintética. Su estilo debe ser profundo, preciso, ágil y claro, ya que se juzga, valorando sus elementos. La opinión, en tal sentido, debe ser mesurada y lo más justa posible, evitando la tendencia al elogio y la inclinación a la dureza.
Ejemplo:

CINE: “REY ARTURO” Un compendio de grandeza visual
Agustín Neifert / Especial para “La Nueva Provincia”
Calificación: 7

Dirección: Antoine Fuqua. Elenco: Clive Owen, Ioan Gruffudd, Ray Winstone, Hugh Dancy, Stellan Skargard, Til Schwiger, Keira Knightley, Stephen Dillane. Origen: Estados Unidos (2004). Duración: 126m. Para mayores de 13 años.
Es una superproducción, un “colosal” como lo denominan los colegas españoles, que pretende combinar lo espectacular con el revisionismo histórico, desechando el mito. Aquí no aparece Camelot, ni el Santo Grial, ni su promesa de redención.
El guión de David Franzoni propone un cambio de enfoque. “Seguir con la leyenda –dijo Franzoni– no tenía sentido, cuando había tantas evidencias para apoyarse en la realidad histórica”.
Por esta razón, Franzoni no tomó en cuenta los filmes que habían abordado las leyendas sobre el rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, como Los caballeros del rey Arturo (1953), Lanzarote y su dama (1962), Camelot (1967), Lancelot du lac (1973), de Bresson, y Excalibur (1981), de Boorman, por mencionar sólo algunos.
Estos filmes se basaron en los relatos de Thomas Malory, quien a su vez se inspiró en escritores franceses del siglo XII (Chrétien de Troyes, Robert de Boron). Estos autores crearon las leyendas celtas sobre un rey que vivió a principios del siglo VI, pero es recién con Malory que ese cuerpo legendario adquirió una cierta unidad.
El punto de partida de Franzoni son los Relatos olvidados de la Mesa Redonda, de John Matthews, que ubica al personaje en lo que hoy es la Gran Bretaña, en la etapa final del Imperio Romano.
En esa época, Lucius Artorius Castus era un soldado al servicio de Roma, que comandaba un grupo de guerreros sármatas (Lancelot y otros) que la leyenda convirtió en los Caballeros de la Mesa Redonda.
Pero Arturo no es un simple monigote. Es cristiano, tolerante y justo, que invoca a Dios antes de las batallas y se afirma sobre las enseñanzas de Pelagio, monje irlandés declarado hereje por sostener la suficiencia del esfuerzo humano para obtener la salvación.
A pesar de la rivalidad inicial, el grupo conducido por Arturo se une a los Pictos –un misterioso pueblo originario de las actuales islas británicas, entonces comandado por el mago Merlín–, para luchar contra las hordas invasoras sajonas lideradas por Cerdic y Cynric, cuyos enfrentamientos culminaron en la célebre batalla de Badon Hill.
Antes de obtener su libertad, Arturo y sus guerreros deben cumplir una última misión: rescatar a Alecto, hijo de un brutal funcionario romano, porque es el ahijado del Papa y elegido por éste para futuras funciones en el Vaticano.
Es en esa instancia que Arturo conoce a Ginebra, la hija de Merlín, que participará en las batallas del Lago y de Badon Hill.
El afroamericano Antoine Faqua –un artesano del cine, responsable de Lágrimas de sol y Día de entrenamiento –no era el más indicado para conducir un proyecto con pretensiones revisionistas. Fue elegido por su capacidad para organizar grandes espectáculos. Aquí hay muchas batallas –a cual más sangrienta–, pero que dejan considerablemente huérfanos a sus personajes (salvo Arturo) de sostén ideológico.
Además del enfoque historicista, Franzoni –quien también escribió el guión de Gladiador, de Ridley Scott– logró imponer su visión respecto del perfil del protagonista. En este sentido, retoma la visión ya enunciada en aquella película: la exaltación de ciertos valores olvidados por el cine, como el honor, la heroicidad y la familia.
“Creo que hay una necesidad –dice– de retomar las historias sobre el honor, porque para la generación de las gaseosas cola y la MTV, la verdad y el honor no significan nada”.
La película es espectacular de principio a fin. Impresiona por la puesta en escena, los grandes espacios abiertos, el manejo de las masas y las batallas correografiadas a la manera de Corazón valiente, de Mel Gibson. Pero la secuencia más original es la batalla del Lago.
La ampulosa banda musical de Hans Zimmer está al servicio de esa grandeza visual. Hay algunos momentos de humor a cargo del gigantón Ray Winstone (Bors) y algunas actuaciones rescatables: de Owen (un Arturo muy sobrio y elegante), Skarsgard (Cedric), Keyra Knightley (Ginebra) y Gruffudd (Lancelot).
La Nueva Provincia, 15 de agosto de 2004